martes, 12 de junio de 2018

The last of us 2: El beso gay que rompe la feria del videojuego

No hizo falta más. Un beso. Algo tan simple, y tan poderoso, como la expresión de afecto más sencilla. Claro que se lo dieron dos chicas. Claro que se lo dieron dos chicas en un videojuego en la apertura del evento más enorme de la compañía en cabeza. Y si uno va sumando claros —por más que se le pueda sacar punta a que esto siga siendo algo provocativo y rompedor en vez de mundano y natural— se da cuenta de que este ha sido un gran momento no para la bacanal pixelada del E3, sino para todo un medio de expresión. Como sigue habiendo muchos despistados, y el E3 permite algo que el resto del año resulta casi imposible, que los videojuegos abran los telediarios, pues este beso gay es algo así como una bomba atómica. El que viva poco enterado se sentirá como fulminado por un rayo, descubriendo que aquello de matar marcianitos no está muy lejos que toda esa trasgresión en streaming que late en los Netflix y derivados. Vamos, más que no estar muy lejos, está justo encima, el aliento sobre la nuca. Fue un beso que resumió muy bien la jugada maestra de Sony para volver a dar la sensación de apisonadora sobre los demás. Y digo dar la sensación porque, por segundo año consecutivo, el ávido de novedades se queda con un gran remake, esto es, un reciclar, que además todo el mundo daba por hecho: el de Resident evil 2. Pero dando la sensación Sony demuestra por qué lleva la corona desde hace unas cuántas generaciones, porque da la sensación muy bien.

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